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lunes, 14 de junio de 2010

Mossos d'Esquadra: los nuevos hombres de Harrison

El pasado 12 de junio los Mossos d'Esquadra irrumpieron en una fiesta privada que se celebraba en una finca privada en una localidad del Delta del Ebro.

La acción de estos valientes policía se desarrolló como si estuviesen buscando a un peligroso comando terrorista o a un grupo de narcotraficantes, realizando unas actuaciones completamente excesivas y totalmente fuera de lugar, autorizadas por una jueza a la que la debían haber contado que allí había un complot neonazi internacional con extranjeros, en un sitio repleto de armas y otras mentiras similares del mismo calibre, ante lo cual se autorizó un registro total y con las medidas más duras en una finca y domicilio privado, entrando al asalto en los mismos, algo que solo puede realizarse cuando hay sospechas fundadas y reales de allí se está cometiendo o se va a cometer un delito muy grave.

A continuación detallamos la actuación de los Mossos d'Esquadra.

Sobre las 3:30 de la tarde cuando los invitados a la fiesta privada se disponían a comer una barbacoa, irrumpieron por las dos entradas, rompiendo los candados de los portones, varias furgonetas de la policía autonómica, al menos 12, acompañadas de una furgoneta blanca y una furgoneta de una unidad de sanitarios.

Entraron en marcha y a toda velocidad con las puertas de las furgonetas abiertas y repletas de policías, miembros del equivalente a una unidad antiterrorista con la equipación completa: casco, pasamontañas (son tímidos), chalecos antibalas, guantes anticortes con relleno de plomo, algunos con subfusiles de 9mm con cargador con munición real, otros solo con pistolas, y el resto de la equipación de dotación incluyendo porra extensible o rígida, taser, grilletes, etc.

En el despliegue rodean todo el terreno de la finca, y ordenan a la gente que está en el exterior que se tire al suelo, (a la voz en grito de “¡Al suelo!, ¡Al suelo!”, con la voz desgarradora típica de de las películas de policías), que no se mueva y deje los móviles en el suelo. Al mismo tiempo entran en la vivienda ordenando, a voz en grito y con muy malos modos, a todo el mundo a ponerse contra la pared con las manos en la cabeza, y a los invitados más corpulentos directamente les atan las manos con bridas y les tumban boca abajo en el suelo. Irrumpen en los baños y habitaciones con el método de la patada en la puerta dando gritos a diestro y siniestro a las personas que estaban dentro, muchos de ellos extranjeros que no les entendían. Aquello, para asombro de todos los presentes, parecía una película o una escena de las noticias cuando la policía irrumpe al asalto en la casa de unos narcotraficantes.

Una vez controladas todas las personas que estaban fuera y dentro de los edificios empezaron a requisar objetos tan peligrosos como los cuchillos que había en la cocina, que seguramente lucirían muy bien en la foto de todo lo intervenido. Así mismo retiraron las banderas que les vino en gana que había en las tiendas de campaña instaladas en la finca, las cuales no eran de los propietarios de la finca sino de las personas invitadas a la fiesta.

Las personas que estaban dentro de la casa las sacaron a todas con las manos en la espalda atadas con bridas, y las hicieron sentarse en un lateral junto a una valla.

Tras controlar a todos los invitados, unos 70, a una perra que había atada a una valla, al grito histérico de ¡Atar a ese perroooo! ¡Atar a ese perrroooo! (el cual estaba ya atado todo hay que decirlo y al que por poco no embridan), y a un peligroso flotador con forma de tiburón que estaba en la piscina, los cerca de 90 Mossos empezaron a cachear uno por uno a todos los asistentes y a recoger su documentación y teléfonos móviles, según les indicaba la orden judicial que seguían a pie juntillas los uniformados, lo cual duró aproximadamente una hora. Así mismo procedieron a contar a todos los asistentes, aunque alguno de los encargados de llevarlo a cabo en una de las zonas no era demasiado hábil y tuvo que hacerlo tres veces.

Tras esto indicaron que todo el mundo tenia que irse de la finca, y que debía recoger su equipaje, el cual tenia que ser primeramente revisado íntegramente, y después recoger su tienda, la cual también era revisada íntegramente, para después poder salir en su coche, el cual también era revisado íntegramente. Tras esto y tras recibir algún comentario con chulería por parte de los Mossos u otros como "¡Viva Franco!" o "¡Arriba España!!", dejaban salir fuera a los invitados en su coche. Otros Mossos sin embargo no estaban muy contentos de formar parte de esa pantomima a pleno sol de junio y comentaban cosas como “Estaría mejor en mi casa tomándome una cerveza mientras veo la tele".

Mientras tanto unos policías con detectores de metales rastreaban el suelo de la finca en busca de no se sabe que, realizando con posterioridad varios hoyos en el suelo sin encontrar nada más que tierra y alguna lombriz que pasaba por allí.

El único detenido fue el propietario de la casa, a cuyo abogado que llegó en torno a las 20:00 no se le dejo acceder a la finca. Otro de los asistentes que estaba allí pidió la presencia de su abogado y la respuesta fue “Callate y vete ya de aquí o te vas en ambulancia”, aunque según los Mossos el trato ha sido totalmente correcto, incluso dirán que exquisito…

El detenido fue trasladado a la noche a comisaría acusado de “incitación al odio racial”, donde pudo ser asistido a su abogado. El domingo por la mañana tenía que prestar declaración en comisaría donde se negó a declarar, y el lunes por la mañana esta previsto que preste declaración ante la jueza.

En definitiva, un nuevo exceso de la policía autonómica catalana, autorizado por jueces sin criterio, con un despliegue totalmente excesivo, desproporcionado, fuera de lugar y mediático, todo ello a cargo del contribuyente, para entrar en una finca donde solo había personas pacificas y desarmadas.

Deseamos todo lo mejor para el único detenido, y esperamos que los que han autorizado y ejecutado semejante atropello sean juzgados y sancionados como corresponde.

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